¿Cómo nos encuentra este 1° de mayo a las y los trabajadores de Gente Nueva?
Una pausa necesaria para parar la pelota y visibilizar cómo nos atraviesa el contexto a quienes sostenemos esta Organización Social.
Somos trabajadores y trabajadoras de Gente Nueva a quienes hoy la realidad nos convida a ser (y hacer) mucho más: emprendemos, hacemos changas, vendemos, compramos, trocamos. Nos la rebuscamos todos los días, porque sabemos que, en el mejor de los casos, el sueldo alcanza hasta el 15 de cada mes. Después, empieza otra forma de sostener la vida.
En esa forma nos encontramos en los espacios comunes con los que hacen una diferencia haciendo Uber, las que hacen tortas y sorrentinos para vender, la que tiene un emprendimiento de ropa, el que mira el teléfono cada dos minutos a ver si le cae algún pedido, la que organiza una rifa para cubrir estudios médicos porque la obra social está suspendida, el que hace cuentas en el margen del cuaderno mordiendo la punta del lápiz y la lista sabemos que sigue.
Esta no es solo una situación individual: es una realidad colectiva que habla de desigualdad, de precarización y de un sistema que no garantiza condiciones dignas para quienes sostenemos la educación y el tejido social.
Pero también es una realidad que muestra algo más: organización, creatividad, solidaridad. Porque frente a las dificultades, no nos rendimos. Nos encontramos, construimos redes, defendemos derechos y seguimos apostando.
En dos meses de clase y pese al camión con acoplado que pretende chocarnos de frente hacemos que la rueda gire. Sostenemos estudiantes que participan en programas intercolegiales, organizamos eventos para juntar fondos, acompañamos salidas y campamentos en la naturaleza, gestionamos recursos para que nuestros estudiantes de primera infancia puedan aprender a nadar, apostamos por más y nuevos proyectos educativos en distintos barrios de nuestra ciudad, soñamos con un nuevo Centro Cultural en 34 Hectáreas, trabajamos codo a codo con Juntas Vecinales, Organizaciones e Instituciones en los barrios donde las y los vecinos van padeciendo cada vez más el hambre, la falta de trabajo, la inseguirdad, la soledad. Todo eso y más. Porque la lista sabemos que sigue.
Apostamos a la tierra como derecho y no como mercancía. Apostamos a la educación como herramienta de transformación. Apostamos a una sociedad más justa, donde trabajar alcance para vivir y proyectar.
Porque sabemos que otra realidad no solo es necesaria: es posible. Y se construye todos los días, entre todos y todas.
